Las ideas y reflexiones de Byron Acuña, de 15 años,  y la capacidad con que las expresa, desafían su corta edad. Desde que estudiaba en primaria, sobresalió por su excelente rendimiento escolar y firme actitud al defender causas que por intuición consideraba justas. En varias ocasiones defendió a estudiantes que eran maltratados por sus docentes. “Me daba enojo ver cómo maltrataban a los chavales y les reclamaba”, cuenta. Algo le decía que eso no era correcto, que ninguna persona debería hacer sentir mal a otra. “Yo no sabía qué eran los derechos, los profesores nos gritaban, regañaban y pegaban con reglas, pero no tenía idea de cómo me podía defender”.

Su desempeño escolar lo llevó a participar en las actividades de CESESMA (Centro de Servicios Educativos en Salud y Medio Ambiente), una organización socia de Save the Children en Nicaragua. CESESMA trabaja con la niñez y la adolescencia en la zona cafetalera del norte de Nicaragua, donde la dependencia en el cultivo de café conlleva a una alta incidencia de trabajo infantil y los problemas sociales relacionados con el mismo. La organización trata de evitar el abandono escolar, formar familiares y educadores y hacer valer los derechos de los niños y niñas en la región. Fue así que llegaron hasta Byron y su familia.  

“Llegaron a la escuela dos educadores y nos invitaron a participar en una investigación. Como necesitaban estudiantes con buenas notas, yo fui unos de los seleccionados. La investigación era sobre las razones por las que niñas y niños no asistían a clase y nos dimos cuenta que unos no iban por la pobreza, otros porque trabajaban, algunas niñas se quedaban en los hogares cuidando a sus hermanos pequeños. En esta comunidad, la mayoría de niñas y niños trabajaban para ayudar a las familias”.

Fue así, con CESEMA, que Byron inició a participar en capacitaciones sobre derechos de los niños y niñas – así como las situaciones de violación de estos derechos y como denunciarlas. Byron también recibió formación en igualdad de género, en la que aprendió que hombres y mujeres tienen los mismos derechos, expandiendo todavía más sus horizontes. . Y fue así que su vida empezó cambiar. En estos procesos constató que él tenía razón cuando defendía a sus compañeros si los profesores les maltrataran, que todas las personas tienen derechos que nadie puede vulnerar y que cuando un docente maltrata a un estudiante le está negando su derecho a vivir sin violencia.

“He mejorado mi autoestima, ahora tengo más seguridad y soy más responsable en lo que hago. He tomado conciencia que los estudios son fundamentales para ser un profesional y tener un empleo digno. Quiero estudiar magisterio y sacar una licenciatura en lengua y literatura”, dice.

 También se ha convertido en una persona activa en su comunidad y en la vida familiar. Entre sus actividades, lee cuentos infantiles a los niños pequeños para que se motiven con los estudios.

Él es testigo de que el trabajo desarrollado por CESESMA para capacitar el personal docente ha generado cambios en las escuelas. “Ya no ofenden a los estudiantes cómo lo hacían antes y si lo hacen, nos defendemos y reclamamos nuestros derechos. También participamos más, ellos ya no deciden por nosotros, como pasaba antes cuando el estudiante era como nada. Las clases son más dinámicas, con más estrategias, ya no son aquellas en las que el profesor estaba sólo dictando”.

Byron sigue participando en las actividades organizadas por CESESMA, y divide su tiempo además entre la escuela y el trabajo, tanto en el campo - limpiando y cortando café, cosechando maíz, frijoles -, como en el hogar - buscando agua, barriendo, moliendo el maíz-. Aunque siga trabajando para ayudar en la economía familiar, su prioridad y la de su familia es la educación, pero no ha sido siempre así. “Cuando estaba en primaria me quedaba menos tiempo para estudiar porque mi papá me mandaba a trabajar al monte antes de ir a la escuela. Perdía clases, no jugaba porque mi papá pensaba que la vida era trabajar y ganar dinero desde joven. Respecto a la educación, pensaba que bastaba con que aprendiera a escribir mi nombre”.

Su padre se fue de casa hace un tiempo y gracias al apoyo de su madre, que también participa de capacitaciones llevadas a cabo por los socios de Save the Children en Nicaragua él ya puede ir a la escuela de forma regular. Pese a las dificultades a las que se enfrenta para ir a clase – la escuela está a media hora caminando desde su casa por zonas bastante peligrosas – Byron no piensa desistir y cuenta con el apoyo de la familia.

La meta ahora es conseguir que su hermano Daniel, de 16 años, que se ha hecho cargo de la parcela familiar desde la marcha del padre, también pueda estudiar a tiempo completo.. Daniel ha llegado a un acuerdo con la escuela para asistir solo dos veces por semana, teniendo así tiempo para el trabajo. Pero la familia sabe que la educación es la única forma de cambiar su futuro y aspirar a algo mejor. Y seguirán luchando por sus derechos. 

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